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(suicidio y posesion) - Versión para imprimir

Suicidio y posesión


Onet.pl
(uno de los mayores portales de Internet en Polonia)
Enero de 2011

Al espíritu le resulta mucho más fácil entrar en el cuerpo de una persona viva que salir de él. La introducción del espíritu en el cuerpo o, dicho de otra manera, la posesión, tiene lugar habitualmente cuando la persona pierde consciencia de sí misma. Caemos en este estado cuando, por ejemplo, abusamos del alcohol, las drogas, el tabaco, cuando estamos agotados, cuando trabajamos en exceso o cuando nos peleamos.
También producen este estado los duelos, las invocaciones a los espíritus, el visionado de películas de terror, es decir, los momentos en los que estamos abiertos al otro lado. Cuando el espíritu consigue entrar en la persona que le es receptiva, no quiere que lo descubran bajo ningún concepto. Esto sucede, cuando accede al interior de la persona equivocada (por ejemplo, cuando el espíritu de un adicto posee a una persona completamente abstinente). Entonces, hará todo lo posible por salir de él. Sin embargo, para él la suerte ya está echada, puesto que la mayoría de las veces, la posesión de una persona es un viaje solo de ida. Se encuentra en una prisión de la que ya no hay salida. Aunque prueba todas las formas posibles de huida, en seguida se da cuenta de que ninguna surte efecto. Ante esta situación tan difícil, él ve dos salidas posibles: o esperar a la muerte de la persona (y en ese caso, ambas almas abandonarían el cuerpo físico), o bien incitarlo hacia esa muerte. La segunda solución le puede parecer perversa y nada ética, pero su sufrimiento le lleva a optar por esta (se siente como un animal enjaulado) puesto que es la que le ofrece esperanzas de una pronta liberación.
Además, el espíritu sabe que en el entendimiento humano la muerte no existe, algo de lo cual él es un vivo ejemplo.
El tipo de muerte por suicido no tiene ningún significado especial para el espíritu. Sin embargo, incitar a la persona al suicidio es mucho más difícil de lo que puede parecer a primera vista. Toda persona normal y sana tiene codificado en su interior una fuerte necesidad de vida, que está directamente relacionada con el instinto de auto conservación, es decir, de supervivencia. Si alguien quisiera quitarle la vida, o tuviera que destrozársela repentinamente, en seguida se despliegan en él fuerzas adicionales que tienen el objetivo de salvarle.
Para evitar esto de una manera "segura", el espíritu debe conducir a la persona al adormecimiento, al desvanecimiento o a la ceguera de la razón. Y es que el espíritu tiene que convencer a la persona de que debe suicidarse.
¿Y de qué manera consigue llevar a cabo este plan? Por un lado, aparta a la persona de su entorno (de sus amigos, de su familia, de sus cosas) privándolo de la consciencia de su propia presencia. La persona, que no se da cuenta de este proceso, se encierra en sí misma, y se va haciendo cada vez menos accesible a las personas cercanas. Con mucho esfuerzo hace solo lo imprescindible, pues no le quedan fuerzas para nada más. El espíritu, insistentemente aleja a todo el mundo de su poseído. ¿De qué modo? Es muy sencillo: en compañía de una persona poseída nos sentimos incómodos, tenemos escalofríos, no nos sentimos a gusto, estamos inquietos, entonces evitamos encontrarnos con él y él con nosotros. Es de este modo como el espíritu ataca psíquica y emocionalmente a las personas que rodean al poseído.
A veces, el poseído enloquece y se vuelve agresivo o tiene conductas dañinas, cae en el alcohol, en las drogas o se obsesiona con el trabajo para poder huir, aunque sea por un momento, de la pesadilla que le atormenta. Sin embargo, lo más habitual es que se encierre en sí mismo. Cuando esta situación se alarga en el tiempo, el abismo entre el poseído y su entorno aumenta considerablemente. El espíritu manipula al poseído y le transfiere emociones negativas con respecto a su entorno. Al mismo tiempo, el espíritu, a través de la hipnosis, constantemente le hace ver que la fuente de su malestar está en la gente que le rodea.
Al final de esta fase, el espíritu ya consigue lo que deseaba. Consigue enemistar, sembrar la discordia y repeler a los más cercanos del poseído, y ya lo tiene solo para él. El poseído se siente cada vez más sumido en la desesperación, puesto que el espíritu continuamente le hace creer que su vida no tiene ningún sentido, que el mundo es un lugar de sufrimiento y de decadencia (lo cual, para justificación del espíritu, responde subjetivamente a la verdad. En el nivel de las vibraciones en el que se encuentran los espíritus domina del mismo modo la desesperación). Además, el espíritu desea convencer al poseído de que es un cero a la izquierda, una basura que no vale nada. Haga lo que haga, el espíritu le hará ver que lo hizo mal y que no sirve para nada.
Lo más difícil para el espíritu es, el principio de este proceso, cuando el poseído cuenta todavía con el apoyo de la familia y de los amigos. Luego le es cada vez más fácil incitarlo al suicidio, puesto que este habitualmente acaba quedándose solo con su problema. Hoy en día, esto es muy fácil que ocurra, porque todos estamos muy absorbidos por nuestras vidas, por las obligaciones de la casa, los estudios, el trabajo, y no reparamos en las personas que necesitan ayuda. Por eso, desde aquí hago un llamamiento a no trivializar las situaciones en las que percibimos que alguien cercano parece encerrado en sí mismo o desesperado. Esto es una señal de advertencia, quizás la última que da la persona en busca de la ayuda de sus seres queridos. Y es que es muy fácil dejar pasar esa ocasión y, cuando nos queremos dar cuenta, ya es demasiado tarde.
Hay que saber que la ola de suicidios o de atentados fallidos contra la vida humana está creciendo a un ritmo inquietante. No solo yo tengo muchos ejemplos de esta tendencia, también los medios de comunicación constantemente informan de ello. Aquí les muestro algunos titulares de las portadas de periódicos de la última década: "La juventud polaca se fascina por la muerte"; "la muerte está de moda, soluciona todos los problemas"; "Desde 2001 ha aumentado cuatro veces el número de suicidios entre los adolescentes"; "En 2005 aumentó cinco veces el número de suicidios de jóvenes en edad escolar"; "El suicidio dejó de ser dominio de los adultos; "Se suicidan varios niños de una clase"; "En los últimos años el número de suicidios de niños y jóvenes ha aumentado diez veces".
¿Por qué esta estadística? En el 99 por ciento de los casos, los suicidas no deciden optar por la muerte por sí solos, sino que son incitados a ella por los espíritus, y la mayoría de las veces, por los que también fueron suicidas. La mayor parte de estos suicidios dan lugar a dos espíritus: uno que es el que incitó al suicidio, y el otro que es el suicida. Estos dos espíritus muy probablemente incitarán a la siguiente pareja, y así sucesivamente.
Por eso, es muy importante estar muy alerta y, en lugar de alejarse de los más cercanos en las situaciones incómodas, hay que tenderles la mano. Basándome en los relatos de un gran número de potenciales suicidas que se han dirigido a mí, o en las quejas de los propios espíritus, he podido detectar el esquema según el cual el espíritu y su futura víctima la mayoría de las veces estaban relacionados en vida (son amigos íntimos, compañeros, familiares o vecinos) y confían el uno en el otro. El espíritu, tras poseer a la persona, a menudo comienza a reproducir el patrón por el que anteriormente tuvo que pasar él solo.
En la mayoría de los casos, los suicidas están convencidos de que, al quitarse la vida, acabará por fin su tormento. Sin embargo, ocurre todo lo contrario; el dolor y el sufrimiento se aguzan considerablemente. De este modo, el espíritu comienza a comprender en profundidad que el suicidio es una solución completamente desfavorable (de lo que se acordará inconscientemente en la futura reencarnación). En efecto, cada suicida, después de su muerte, tiene que pasar continuamente por todo lo que le llevó a acabar con su vida. Los espíritus de los suicidas me cuentan que esto sucede de un modo mil veces más doloroso a cómo lo vivieron cuando estaban en su cuerpo físico, y ahora no pueden volver a él. Creo en sus palabras, pues sé que los sentimientos astrales son de naturaleza directa y los espíritus ya no tienen ninguna barrera de protección como constituye el cuerpo físico.
El espíritu está muy enfadado consigo mismo y con los demás, por las razones más diversas, y tiene sed de venganza, no importa hacia quién. Cuando consigue apoderarse del cuerpo de alguien, esa persona puede coger involuntairamente un cuchillo o algo aun más pesado, y matar a cualquier persona que tenga cerca. A menudo, esa persona es alguien a quien quiere mucho y en un estado de consciencia normal, nunca le hubiera hecho ningún daño. Cuando vuelve en sí, no recuerda del todo lo que ha pasado. Y yo lo creo, ya que el asesino no fue él, sino el espíritu que lo poseyó. Desgraciadamente, existen unos espíritus que, movidos por su sed de venganza, se atreven con asesinatos excepcionalmente crueles.
De ahí viene la necesidad de una vigilancia exhaustiva del propio estado emocional. No podemos permitirnos actuar bajo el efecto de emociones fuertes o extremas. Todo ello precisa de entrenamiento y de conciencia y, como hemos visto en los ejemplos anteriores, se pueden dar momentos en los que esta capacidad es absolutamente imprescindible.

Redactó: Wanda Pratnicka




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