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(sobre mi) - Versión para imprimir

Sobre mí

Nací tres años después de que terminase la guerra. Desde que nací tengo talento para la parapsicología. Veía y sabía lo que otros no veían ni sabían. Durante toda mi vida, personas de distinta edad han buscado en mí ayuda, consuelo, comprensión, consejo. Yo nunca los busqué, fueron ellos los que de alguna manera me encontraron por sí mismos. En un momento dado aprendí a ver la enfermedad y su causa mucho antes de que apareciesen sus síntomas físicos. Sin embargo, presto mi ayuda solamente cuando el paciente decide ayudarse a sí mismo.

En todo lo que hago me guían Dios, la Fuerza Superior y la Inteligencia. Cuando llega el momento, ella me sugiere lo que tengo que hacer. Por eso no me paro a pensar en cómo puedo ayudar, sino que es algo que sucede automáticamente. Sé cómo hay que actuar, qué preguntas hacer y qué respuestas dar. Sé mucho más del paciente y de sus problemas que él mismo. Tengo asimismo miles de pruebas de que lo hago bien.

A día de hoy soy una terapeuta que trata a personas y espíritus. Tanto unos como otros necesitan los mismos cuidados, comprensión, y la misma dosis de amor.

Soy una persona laica y ayudo a mi manera a personas y espíritus. Para los unos y para los otros, soy terapeuta de las almas. Ayudo a la gente a librarse de los espíritus, pero también a que muchos espíritus se libren de la gente. Ayudo a pasar al otro lado (al denominado «Cielo», al otro lado del velo de la muerte) a los espíritus que ya están preparados, pero les faltó decisión justo después de la muerte. A aquellos espíritus que no saben qué hacer consigo mismos les ayudo a tomar decisiones.

Cuando comencé a expulsar espíritus me di cuenta de que la gente recupera la salud, se maneja mejor con sus problemas, y en la mayoría de los casos empiezan a reinar el amor y la concordia en las familias. De esta manera ayudo a las almas de los vivos y de los muertos.

Aquello a lo que me dedico puede ser la panacea para gran parte de las desgracias de nuestro mundo. Desde todo tipo de trastornos emocionales, mentales, desviaciones, adicciones unidas a enfermedades mentales tan graves que exijan el aislamiento, hasta las enfermedades crónicas o consideradas como incurables. La problemática de los espíritus afecta igualmente a distintas situaciones de la vida cotidiana, como el comportamiento molesto de algunas de las personas con las que convivimos, problemas con el aprendizaje, con nuestros seres queridos, en el trabajo o en los negocios. A menudo éstas conducen a la impotencia, la soledad o el aislamiento, o a una difícil situación económica, social o sanitaria.

Contactaban conmigo de distintas maneras: por carta, por teléfono o personalmente. A menudo se presentaban en nombre del paciente su familia, amigos, vecinos o conocidos.

La mayoría de las veces ayudo desde la distancia. Para mí no tiene importancia si el paciente está sentado a mi lado o se encuentra en otro continente.

Mis pacientes son personas que desempañan cualquier profesión: desde amas de casa, obreros, estudiantes, hasta investigadores, profesores, abogados o políticos. También han acudido a mí monjas y sacerdotes, aunque pueda parecer que tienen la ayuda profesional a mano, en su lugar de residencia. Todos los pacientes se encontraban igual de infelices, perdidos, sin ninguna esperanza en el futuro. Solían resaltar que yo era su último recurso, que ya lo habían intentado absolutamente todo. No les habían servido de ayuda ni los médicos, ni los fármacos, ni la asistencia psiquiátrica ni la psicológica. Igualmente había resultado inútil la ayuda de la medicina convencional y la de la no convencional.

No animo a prescindir de los médicos, las medicinas y los hospitales para suplantar una cosa por otra. Tan sólo hago saber que también existen otras causas de nuestros problemas, de las que hasta ahora no sabíamos. Así, pues, merece la pena tenerlas en consideración y comprobar antes de una operación, por ejemplo, si efectivamente el tumor está provocado por el cáncer, o por los espíritus.

Yo soy terapeuta y exorcista desde hace más de cuarenta años. Durante este tiempo han acudido a mí decenas de miles de personas de Europa, de América y de los más lejanos rincones del planeta. Como puede verse, se trata de un problema de alcance mundial, y no únicamente de una persona, familia o país.





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