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(mundo astral las adicciones) - Versión para imprimir

¿Cuál es la influencia del mundo
en las adicciones de los vivos?


Onet.pl
(uno de los mayores portales de Internet en Polonia)
Enero de 2011

Después de la muerte física de la persona, no cambia nada en su existencia. Lleva la misma vida que llevaba hasta ese momento, sólo que en mundos superiores. Y, como conserva el mismo carácter y los mismos gustos, mantiene los mismos vicios y la misma necesidad de satisfacerlos. Sin embargo, el espíritu ya no tiene un cuerpo físico con el que satisfacer esas adicciones.
Si somos adictos a algo y queremos padecer en nuestra propia piel el tipo de experiencias por las que pasaremos como espíritus (esto es, las experiencias que tendremos después de la muerte física si en el presente no conseguimos controlar nuestra adicción), podemos intentar dejar de saciar nuestro deseo de la sustancia a la que somos adictos (por ejemplo, el tabaco) durante una hora, un día o para siempre. Rápidamente nos invadirá un sucedáneo del tormento por el que pasan los espíritus (y decimos sucedáneo porque sus experiencias son mucho más intensas, ya que no tienen un cuerpo que los proteja ante las sensaciones del mundo emocional o astral).
Por tanto, los espíritus no pueden fumar, ni emborracharse, ni consumir drogas, ni atiborrarse de comida, ni entregarse al trabajo, ni practicar sexo, ni darse al juego, etc. En efecto, les falta el cuerpo físico a través del cual podrían aplacar esta ansiedad. Con todas sus fuerzas, como si sufrieran el síndrome de abstinencia de los drogadictos, buscan a una persona, porque a través de ella podrán satisfacer su vicio. De este modo, rondan por lugares donde se producen aglomeraciones de gente (por ejemplo, en bares), donde saben que podrán absorber, a modo de sucedáneo, los vapores del alcohol o el humo del tabaco.
Estos espíritus intensifican las necesidades (de fumar, de beber etc.) de la persona elegida, para, de este modo, satisfacer la suya. Libre del espíritu, cualquier persona consciente, incluso si es fumadora, o bebedora, lo hace solo cuando tiene ganas, esto es, raramente. Si deja de ser consciente de sí mismo (porque, por ejemplo, sus pensamientos están continuamente ocupados por algo), entonces el espíritu tiene la oportunidad de introducirse en él y así proyectar en él la necesidad de buscar el siguiente cigarro (o la siguiente copa), aunque sólo hace un momento haya apagado el último.
La persona consciente decide por sí misma, pero por los inconscientes deciden los espíritus. Esto explica por qué es tan fácil caer en los vicios y por qué algunas personas se fuman varias cajetillas al día o se emborrachan (o se drogan) hasta quedar inconscientes. En cada uno de estos casos, el espíritu hace tiempo que ya aprovechó la ocasión para poseer a la persona. Ahora, a través de su cuerpo, puede satisfacer su adicción tanto como quiera.
Casi todos los días recibo ejemplos de esto. Sigo el caso de una persona adicta y poseída por un espíritu. Esta persona, que antes se fumaba tres cajetillas al día, en un momento dado, deja de fumar (y de beber, de drogarse, etc.). Y lo asombroso es que en más de una ocasión no sufre síndrome de abstinencia. Obtenemos aquí la explicación de casos, que no son raros de encontrar, en los que el abstinente, de un día para otro, comienza a comportarse como un adicto. A menudo, la gente que posee algún vicio no puede sospechar que su adicción se deba a que se encuentra bajo la influencia de la ansiedad insistente del espíritu. Suelen reconocer esta dependencia cuando se dirigen a mí para plantearme otro problema y, una vez que el espíritu se ha marchado, descubren, para su sorpresa, que ya no tienen ese agobiante vicio anterior.
Esto es más perceptible en los casos de posesión en que el espíritu poseedor se deja llevar por el pánico al pensar que, tras la muerte, perecerá de hambre. Cuando entra en alguna persona, este se vuelve loco por comer en abundancia, aunque su estómago esté todo el tiempo lleno.
Otro grupo está formado por los espíritus de gente que, por distintas razones, en vida reprimieron sus necesidades sexuales o fueron adictos al sexo. Estos espíritus no se satisfacen con el sexo con amor que se da dentro del matrimonio o entre dos enamorados. Necesitan llegar al extremo en términos de cantidad y calidad. Cuando poseen a una persona (suele ser alguien que también está ávido de sexo), ésta en seguida se hace adicto al sexo.
Muchos poseídos por este tipo de espíritus al principio solo sueñan, de manera ingenua, con relaciones sexuales, por ejemplo, con actores conocidos, o con una compañera de trabajo. Sin embargo, hay que ser consciente de que, al comprometernos con el espíritu a tener sexo, no podremos hacerlo con ninguna persona viva. El espíritu no lo permitiría.
Asimismo, existe otra amenaza muy seria. La adicción del espíritu al sexo no tiene nada que ver con el momento vital en el que se encuentre la persona. Lo cierto es que él lo necesita cada vez más y más. Al poseer a un individuo extraviado, se convierte en su dueño; lo que no obtiene por las buenas, lo consigue por las malas, a través de la fuerza. Llega a violar al poseído varias veces al día. Con mucha frecuencia, recibo casos de este tipo, y los centros psiquiátricos están llenos de ellos.
Otro tipo de problemas derivados de la adicción al sexo se manifiestan, en muchos casos, en la homosexualidad. El cuerpo de un hombre, por ejemplo, es tomado por el espíritu fuerte de una mujer ávida de sexo, y entonces, de repente (de la noche a la mañana) cambia su orientación sexual, puesto que el espíritu de la mujer desea a los hombres como pareja. Tras acompañar al espíritu en mis sesiones, la orientación de esas personas vuelve a la normalidad. Por supuesto, hay que añadir que no todos los casos de homosexualidad indican la posesión por parte de un espíritu. La sexualidad es un tema delicado en el que he profundizado con gran detalle en mi primer libro "Poseídos por los espíritus".
Por otro lado, otro tipo de problemas que surgen de las adicciones del espíritu son los robos, que pueden ir desde los pequeños robos en tiendas, hasta los grandes saqueos. Cuando el espíritu del ladrón (del criminal, del asesino) penetra en el individuo y se trata además de una personalidad fuerte, puede apoderarse del poseído de tal modo que este no podrá resistirse y tendrá que hacer lo que el espíritu le ordene.
Continuamente, oigo comentarios como "le robo a mis amigos (a mis estudiantes, a mis empleados, etc.). No necesito para nada esas cosas que robo. Me avergüenzo de ello pero, en ciertos momentos, es más fuerte que yo.".
Una variedad mucho más trágica de este tipo de posesiones la constituyen los robos a plena luz del día, las agresiones o los asesinatos. Cuando la persona vuelve en sí de la ceguera, la mayoría de las veces ya ha sido acusada de cometer algún delito, algo que ocurrió fuera de los límites de su consciencia.
Otro tipo de dependencia del deseo de los espíritus (clara consecuencia de la posesión) lo conforman cada una de las variedades, todas muy fuertes, de celos, de odio, o de miedo. El espíritu alimenta en el poseído estas emociones, hasta límites insospechados, y en consecuencia, el poseído no puede resistirse a ellas.
A los vicios provocados por los espíritus pertenecen también la necesidad de invocar a los espíritus, o el "juego" de la tabla ouija, el tarot, o el frecuentar a videntes, aunque hay que decir que el espíritu generalmente potencia el vicio que la persona ya tenía anteriormente.
Para finalizar, quiero que quede claro que, en ningún caso, somos víctimas de los espíritus y no debemos tenerles miedo en exceso. Esto sería absurdo, tan absurdo como lo sería asustarse de la gente con la que nos que cruzamos en la calle cada día. Los espíritus no poseen a la gente al azar, sino que son atraídos hacia ciertos individuos siempre por razones especiales. Esto significa que, si desconectamos el impulso interior que atrae al espíritu, el efecto desaparece. En el momento en que lo sintamos, podemos decir firmemente NO. Sin embargo, esto requiere una continua toma de consciencia de las emociones y pensamientos propios y de nuestras capacidades más valiosas, algo que, además, nos es muy útil en muchas otras situaciones.

Redactó: Wanda Pratnicka




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