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(libero personas posesion) - Versión para imprimir

Libero a las personas de la posesión


"Naj"
"Naj", nº 15-16/2006, p. 30, historia de la semana
10 de abril de 2006

La exorcista laica Wanda Pratnicka expulsa a los espíritus al más allá

Una enfermedad grave, el alcoholismo, las drogas, la depresión... Afectada por semejantes desgracias, la gente se pregunta: ¿por qué el destino es tan cruel? La Señora Wanda opina que es por la acción de los espíritus.

Emil lleva gafas, tiene aspecto de un intelectual joven. Tiene 24 años, es de constitución frágil, sonríe con timidez. Resulta difícil de creer que hace 5 años ¡asesinara a su propia madre!
La sentencia fue de 25 años de cárcel. -No sé lo que pasó entonces -vuelve sobre el pasado a regañadientes- Mi familia era normal, buena, y yo empecé a consumir drogas y me fui hundiendo cada vez más. Tenía apenas 19 años, cuando un día en pleno frenesí agarré un cuchillo. Y sin embargo, quería a mi mamá...
Él mismo se presentó a la policía, y en el arresto, asustado y desolado porque había asesinado, intentó cortarse las venas. Cuando al final de la vista acabó en la cárcel, se sentía como un trapo (echo trizas):.
-Me odiaba a mí mismo. Por una exorcista me enteré de que fueron los espíritus los que atrajeron sobre mí la desgracia- habla sobre ello en tiempo pasado, pues opina, que ahora todo va a cambiar. -Todo empezó cuando cayó en manos el libro de Wanda Pratnicka "Poseídos por los espíritus. Los exorcismos del siglo XXI". Lo leí una vez, dos, tres, y encontré en él mi propia historia. Con la ayuda de la dirección de la cárcel, así como de mi padre y hermana, los cuales sufragaron trescientos zlotys para la serie de gestiones, Emil entabló contacto con la autora del libro. Hablaba con ella por teléfono, y Pratnicka le aseguraba que le liberaría de los espíritus actuando a distancia. El experimento duró tres meses.

-He recuperado la tranquilidad, pero sigo meditando y practico yoga. Confío en que dentro de siete años saldré en libertad. ¡Lo aguantaré! Ya soy otra persona -asegura Emil. No sólo trabaja con su personalidad, sino que también intenta ser útil a los demás: cocina con ahínco en la cocina de la cárcel.

En la frontera entre dos mundos

Emil es sólo uno de las decenas de miles de pacientes de Wanda Pratnicka. Hasta hace unos años la exorcista laica los recibía en su casa en una pequeña población cercana a Gdansk. A cualquier hora del día se formaban colas, y ocurría que incluso en medio de la noche la gente le imploraba que les ayudase. -No he tenido vida privada por este motivo -aclara ella. Es por eso que hoy es posible contactar con ella principalmente por teléfono, correo o Internet. -Hay almas que han decidido no pasar al otro lado, porque allí puede que les espere el castigo. Otros se han perdido en el espacio y ni siquiera saben que ha muerto su cuerpo. Se arrastran continuamente en las fronteras entre el mundo astral y el físico. Para ellos, la única salida es entrar en el cuerpo de alguien (a menudo de una persona querida), para poder absorber la energía con la que seguir existiendo -explica la exorcista.

-El espíritu "contagia" las emociones negativas a la persona que posee. Incluso puede incitarla al asesinato o al crimen.
En opinión de Wanda Pratnicka, los espíritus también deciden no marcharse al otro lado por el desconsuelo de la familia que no es capaz de aceptar la muerte de las personas más queridas. La persona poseída tiene pocas ganas de vivir. Le da miedo salir de casa y encontrarse con alguien, pues puede que oiga o vea a los espíritus. Enferma con frecuencia, está agresivo o se repliega en sí mismo. -El espíritu se adueña de su cuerpo y alma. Le convence de hacer cosas malas -esgrime la señora Wanda. Y añade que hace varios años fue su marido, Zbigniew. Le poseyó el espíritu de su padre, que murió de forma trágica, y era el campeón de Polonia de vuelo acrobático: -yo estaba muy unido emocionalmente a mi padre, no podía aceptar su muerte -confiesa el señor Zbigniew-. Durante muchos años tuve la sensación de que, aunque no vivía, seguía estando cerca. Yo le quería y no estaba dispuesto a separarme de él.


Pasaron los años. Zbigniew estaba de mal humor cada vez más a menudo y pensaba en cómo estar más cerca de su padre. -Y sólo había una forma de hacerlo: ¡muriendo! Me tumbaba en la cama y miraba al techo, un sudor frío recorría mi cuerpo, no podía comer ni dormir -recuerda-. Buscaba a alguien que me pudiese ayudar. Una conocida me recomendó la cónsulta de Wanda -relata-. Me desplacé allí y, transcurridos 15 minutos, ambos encontramos la causa.
La Señora Wanda renovó en varias ocasiones el exorcismo. -La intervención no es práctica si la persona poseída sigue sin estar dispuesta a separarse de su ser querido. No fue fácil con Zbigniew, pero todo acabó con éxito -se sonríe la exorcista. Ahora son pareja y Zbigniew desempeña la función de su asistente.

Un gran alivio y vivir desde cero

Las personas a las que ayuda la exorcista lo suelen mantener en secreto. Tienen miedo a las sospechas de que no están en su sano juicio. -Hace ocho años mi mujer enfermó gravemente; los médicos sospechaban que se trataba de un defecto genético -cuenta el Señor Jaroslaw de Katowice. -La mujer se tomaba kilos de pastillas, pero se sentía cada vez peor y acabó muriendo. A mi hijo le aparecieron unos síntomas parecidos a los de mi mujer: convulsiones, una pérdida momentánea de la visión y de la consciencia. Wanda Pratnicka, a la que acudí buscando ayuda, ha hecho que el ataque ya no se repita. Wanda Pratnicka declara que, al contrario que los curas exorcistas, no reza encima de la persona poseída. Ni siquiera tiene que verla. Cuando se familiariza con sus problemas (descritos en una carta o en un mail), se encierra en silencio en su gabinete, y luego entabla un contacto telepático con el paciente. Y si él cree en el buen hacer de sus exorcismos, existe la posibilidad de que se logrará expulsar a los espíritus al lugar al que les corresponde. Al más allá.

Autoras: Kasia Bonda, Irena Szaczkus




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