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Las enfermedades provocadas por los espíritus


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Enero de 2011

Para comenzar, hay que subrayar con toda claridad que no todas las enfermedades están provocadas por los espíritus. Las personas enferman por sí mismos. Para ser más exactos, la enfermedad siempre es indicio de que en nuestra vida no estamos haciendo lo que deberíamos. Si examinamos esto desde una óptica muy particular, se puede decir que actuamos en desacuerdo con lo que planeamos para nosotros mismos antes de venir al mundo. Cada parte del cuerpo corresponde simbólicamente a distintos planos de nuestra vida. En función de en qué parte se presente el problema (la enfermedad), se puede deducir rápidamente cuándo nos apartamos de nuestro objetivo o actuamos en contra de las leyes superiores que rigen el Universo. Esto se puede comprender también de otra forma: la enfermedad es el resultado de un problema mental (trauma), que, al residir en el subconsciente, nos es parcial o totalmente desconocido.
Sólo podemos hablar de enfermedades provocadas por los espíritus cuando enfermamos y a la vez estamos bajo la influencia de los espíritus. A menudo sucede que el espíritu y la persona poseída -que además está enferma- tienen que pulir los mismos problemas. Precisamente por eso se han unido siguiendo la máxima de "dime con quién andas y te diré quién eres". En los tiempos que corren la enfermedad es la principal causa de la muerte. Muy pocas personas abandonan este mundo en la vejez, sanas y realizadas. Cuando muere la persona enferma y atraviesa el velo de la muerte, recibe allí ayuda y recupera la salud. Si no quiere marcharse (puede haber muchas causas, véase otros artículos míos) y se queda a este lado, entonces el patrón de la enfermedad se queda con él. Por tanto, la muerte no libera automáticamente de la enfermedad. Es posible que el lector se oponga diciendo que sólo enfermó el cuerpo físico (del que, sin embargo, se desprendió al morir) Eso no es del todo cierto. La persona tiene más cuerpos que el físico (etéreo, emocional o astral, mental y otros cuerpos superiores) y también allí se registra el patrón de la enfermedad. He descrito este tema de forma muy exhaustiva en mi libro "La rueda de la Vida").
Cuando un espíritu se aferra a una persona por una de las causas ya mencionadas, materializa su realidad, registrada en sus cuerpos superiores, con ella y a través suyo. Ello afecta a los intereses, las pasiones, deseos, o a los modelos emocionales, e igualmente a las enfermedades. Cuando una persona solicita mi ayuda, compruebo quién es el espíritu que la ha poseído. Si está enferma, le preguntamos de qué enfermó el espíritu en vida. En la inmensa mayoría de los casos se confirma la regla de que ambos sufren la misma dolencia, o una muy similar. Es más fácil detectar la dependencia enfermiza hombre-espíritu cuando éste, pese al exorcismo, regresa una y otra vez a la persona (cuando entre ellos reina un magnetismo mutuo). Cuando es expulsado, remiten los síntomas de la enfermedad; cuando vuelve, vuelven también los síntomas. Al principio de mi carrera no estaba segura de esta dependencia. Sin embargo, en los últimos cuarenta años he tenido miles de éstas, lo que para mí constituye una prueba irrefutable de que los espíritus pueden provocar las enfermedades de una persona. El malestar que se le transmite a la persona puede ser cualquier enfermedad. Desde una ligera e imperceptible hasta otra más dura e incluso mortal.
A la hora de detectar si la enfermedad es de la persona o del espíritu se puede aplicar el siguiente método: si a la persona le ayudan los remedios (para restablecerse completamente de ella), y el trabajo con su propia psique, (siendo la fuente del patrón de la enfermedad), significa que ella es el foco. Y si a pesar de un largo tratamiento no hay nada que hacer con ella, he ahí un fuerte indicio de la existencia de espíritus que influyen sobre la persona. Entonces se llega a situaciones paradójicas en las que tomamos una medicina para la enfermedad del espíritu, sea el del difunto tío Marcos o de la abuela Cristina.
Se da también el caso de que el espíritu no haya accedido todavía al cuerpo físico de la persona, pero que ya ronde su aura. Entonces ésta tendrá todo tipo de problemas con la piel a consecuencia de la irritación, o incluso accesos de epilepsia, cuando se defiende para que el espíritu no entre en su cuerpo. Muchos de los clientes que acuden a mí me han contado también el siguiente suceso: justo antes de la operación tenían un tumor, que desapareció durante la misma, para reaparecer de nuevo en otro lugar completamente distinto. En todos estos casos los médicos sospechaban que el resultado de sus análisis era erróneo, ya que no conseguían explicar racionalmente este fenómeno. Resultó que la causa del tumor era el espíritu que, asustado por la operación, salió del cuerpo. Cuando fue expulsado, el tumor desapareció de raíz.
Hay que ser consciente de que el primer espíritu lo tiene más difícil para poseer a la persona. Cuando lo consigue, cada uno de los siguientes tiene mucho más fácil el acceso. Por eso, suele haber muchos espíritus en una persona muy enferma. De ahí la dificultad de curarla, e incluso de identificar los espíritus. Se da el caso de que los médicos sospechan que el enfermo es hipocondriaco, no en vano sus síntomas cambian constantemente, lo que no es raro que esté relacionado con las dolencias del espíritu que se ha apoderado de su cuerpo.
El segundo grupo de personas en las que brotan las enfermedades son todas ellas muy sensibles, y los espíritus provocan trastornos de naturaleza emocional o mental. No es raro que caigan en una depresión (el mundo de los espíritus es un lugar de vibraciones muy bajas), o que incurren en adicciones o groserías. Ocurre que enferman de esquizofrenia (una personalidad múltiple es la manifestación de las personalidades del espíritu o espíritus que anidan en esa persona) o alguna otra enfermedad mental peligrosa. A veces el poseído tiene mucha energía y un férreo control sobre sus pensamientos y emociones. Puede ir por la vida sin detectar a los espíritus, lo que no le libra, sin embargo, de otras desagradables consecuencias de la posesión. En otros la pérdida del equilibrio es leve; con todo, en ocasiones puede ser tan fuerte, que no son capaces de funcionar de forma autónoma y su vida transcurre en centros de internamiento. Sucede que una persona así, después de ser exorcizado de los espíritus, vuelve a la normalidad, lo que es la prueba de que la enfermedad estaba causada por aquéllos.
Conviene ahora destacar que, si una persona ha sido poseída una vez en su vida, tiene abiertos los canales mediante los cuales los espíritus pueden accederle más fácilmente. Siempre habrá a su alrededor un espíritu que quiera aprovechar esa circunstancia. De ahí que la única salida de esa situación sea la vigilancia continua o autoconsciencia de los propios pensamientos y -lo que es más importante- de las emociones.
La influencia psíquica de los espíritus sobre los vivos es verdaderamente lo que nos suele ocurrir más a menudo. Ello es perceptible siempre que nos emocionamos en exceso. Incurrimos, a veces muy fácilmente, en un enfado, odio, envidia o miedo agudos, a veces, incluso extremos. Para terminar desearía subrayar una vez más que el exorcismo no puede ser jamás un sustituto de la terapia que nos ofrezca la medicina. Hay que aprovechar todas las vías para recuperar la salud física y psíquica. Merece la pena, sin embargo, tener en cuenta la posibilidad de que el espíritu sea la fuente de los problemas, lo que puede acelerar o, en algunos casos procurar, el restablecimiento del equilibrio anhelado.

Redactó: Wanda Pratnicka




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