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(la exorcista) - Versión para imprimir

La exorcista


Tina
Cuaderno nº 37
8 de septiembre de 2004

Si fallan los "científicos" especialistas, sólo podrá ayudar ella, la exorcista

Wanda me liberó del espíritu de mi tía

¿No creéis en los espíritus? También Kasia se golpeaba la frente cuando alguien hablaba de las fuerzas del mal. Se convenció, cuando lo experimentó en su propia piel, de que pueden hacer de la vida una pesadilla...

Kasia Majden y Wanda Pratnicka jamás se habrían conocido si no fuera por. los espíritus. Por lo demás, el mismo hecho de que el destino las unió, se puede denominar con decisión. una improbable, pero feliz coincidencia. Más aún cuando la primera de ellas no creyó jamás en la existencia de las fuerzas impuras y de los fenómenos sobrenaturales. Lo máximo que le inspiraban esas conversaciones era. risa. Mientras tanto, hacía varios años que la segunda mujer se dedicaba a. expulsar a los espíritus que se apropiaron del cuerpo de la persona "viva", o que no querían abandonar las casas en las que en vida habían residido. Miles de personas a las que nadie había sido capaz de ayudar, ni médicos, ni psicólogos, ni ningún otro especialista. han pasado por el gabinete de Wanda.

Cada día me sentía peor

Kasia Majdan de Opole era una persona siempre sonriente, rodeada por muchos amigos, que tenía éxito con los hombres... Incluso algunos le envidiaban el hecho de que tuviese todo lo que se pueda pedir en la vida: un buen trabajo, un piso, un coche. Al mismo tiempo, nadie tenía ni idea de qué le estaba ocurriendo a esta chica, aparentemente satisfecha con su vida. Y le ocurrían muchas cosas malas. Por las noches se encerraba en casa con la excusa de que tenía un montón de trabajo y se echaba a llorar sobre la almohada. Rechazaba a sus pretendientes y no era capaz de comprometerse con nadie por un tiempo. Cuando estaba sola en casa se ponía a pensar qué era lo que le fallaba. -No era capaz de responder a esa pregunta: En cambio, cada vez más a menudo tenía la sensación de que llevaba una. doble vida. Había una Kasia, que era muy feliz; y otra, completamente deshecha, triste -recuerda Kasia Majden, de 34 años-. La pesadilla empezó hace tres años. Ya para entonces la vida había dejado de motivarme hasta el punto de que me había aislado completamente de mis conocidos. Ya no era capaz de fingir que todo iba ok. No tenía fuerzas. Sentía como si la "otra" Kasia vaciase la vida de la primera. Le conté mis problemas a mi abuelo. Fue él el que me convenció de que fuera a un psicoterapeuta.

-A diario me hacía en voz baja la siguiente pregunta: "¿Para qué vivir? ¡No tiene sentido nada de esto! El trabajo y el dinero son pasajeros, al igual que la salud. Al fin y al cabo me moriré igual, así que no tiene sentido perseguir el éxito" -repetía poco menos que a diario -nos cuenta Kasia-. Por eso tenía pensamientos suicidas cada vez más frecuentes. Cuando pasaba por un puente, me preguntaba qué pasaría si saltara. Lo mismo ocurría cuando veía un tren que se acercaba, o esquivaba un coche en marcha en la calle. Compraba un medicamento contra el insomnio en la farmacia, coloqué una ampolla junto a la cama y era capaz de contemplarla fijamente durante horas.
Por si estos problemas psíquicos fueran pocos, llegaron los desarreglos físicos. Empecé a tener unos dolores de cabeza monstruosos. Los calmantes no servían de ayuda. Fue al neurólogo, que le mandó hacerse unas pruebas en Varsovia.
-No me olvidaré en toda mi vida de ese día -recuerda Kasia.
-El médico vino con el resultado de las pruebas y me dijo: "Tiene usted tres microtumores en la hipófisis. La salvación es operarse. Sin embargo, puede que la intervención no tenga éxito" -añadió-. Cualquiera que estuviese en mi lugar se habría quedado destrozado, pero yo sin embargo sentí alivio.
Pensé: "Si me muero, entonces por fin acabarán mis sufrimientos" -dice Kasia. La familia, al saber el gran riesgo que entrañaba la operación, convenció a Kasia de que lo consultara con otro médico.

Kasia se enteró por el especialista de que probablemente sufría una depresión. Le recetó antidepresivos. Pero, después de tomarlos, seguía sintiéndose mal.

-Escuché que podría curarme con ayuda de un tratamiento -dice Kasia- Eso no me alegró para nada, al contrario. Estaba enfadada de que las esperanzas de que se acabase la vida se aplazaban en el tiempo...
Por eso no fui al médico. No a ése, ni a ningún otro... Le mentí a los míos con que todo iba bien, y que los resultados de las siguientes pruebas eran satisfactorios.
Sin embargo, las pesadillas y el miedo seguían sin dejarle a Kasia llevar una vida normal. No creía que hubiera alguien que la pudiese ayudar. Y entonces, conoció por Internet a Wanda Pratnicka, la exorcista. -Supe de ella por casualidad. Una historia extraña por lo demás. Fue simplemente como si "algo" me impulsara y me ordenase entrar en las páginas de Internet relacionadas con la posesión por los espíritus. Entre ellas estaba la página de la señora Wanda -recuerda Kasia- Por curiosidad, me puse a leer los relatos de las personas a las que había ayudado. ¡Tenían los mismos problemas que yo! Pensé que debería contactar con la señora Wanda. Le escribí un e-mail en el que expliqué lo que me había pasado durante los últimos años. Una hora después recibí la respuesta. "Querida señora Kasia: conozco la causa de su sufrimiento. Es culpa de un espíritu...".

¡Este espíritu no la dejará en paz!

Ocurrió que, en cuanto Kasia narró su historia, Wanda Pratnicka empezó a buscar las causas de sus problemas. Entró en trance. -En unos instantes "vi" al espíritu -cuenta la señora Wanda- Se trataba de una agraciada señora de mediana edad. Le pregunté quién era Kasia para ella. La aparición dijo: "Soy su tía, la hermana de su abuelo". Entendí que, de alguna forma difícil de explicar, esa difunta no se había ido para siempre. Su espíritu estaba en la tierra precisamente gracias a Kasia; se había hecho con el control de la vida de Kasia, tratándola como la suya propia. Y ésa era la causa de los problemas de esta joven mujer. "¡Déjale usted tranquila ahora mismo! No hay sitio en la tierra para los muertos" -poco menos que grité y. en una fracción de segundo, ya había salido del trance. Wanda escribió de nuevo un e-mail a Kasia. En él, preguntaba si la abuela tenía una hermana y si esta mujer no vivía ya. -Confirmé sus suposiciones y pensé: "¿Cómo es que esta exorcista lo sabe? Pero si yo no se lo he dicho" -recuerda Kasia-. No creía en los espíritus. "¿El siglo XXI y las apariciones? Es... absurdo -solía pensar. Pero, varios días después de esta conversación remitieron mis dolencias -dice Kasia-. Remitió el dolor de cabeza y dejé de tener miedo. Seguramente el espíritu de mi tía se había asustado con la exorcista, así que me alegré. Sin embargo, seguía sin creer seriamente en los espíritus. "Chica, no tienes nada que perder. Habla con esa mujer. Si no te ayuda, al menos no te perjudicará" -me decía a mí misma para convencerme.
Kasia le relató sus problemas a la señora Wanda. "Te ayudaré. Sólo tienes que prometerme que no vas a pensar más en el suicidio" -le pidió la señora Wanda. Desde entonces, durante no menos de dos años, conversaba diariamente con el espíritu de la tía de Kasia.
-Sólo a las personas no iniciadas les parece que el espíritu desaparece después de la primera sesión. Son muy obstinados. Le pedí varias veces al espíritu de la tía Kasia, y le convencí de ello, que la dejase en paz. Incluso regañé al espectro cuando fue necesario -dice la señora Wanda. En una ocasión cayó nuevamente en trance para conversar con el espíritu. Sin embargo, el espectro no apareció. ¡Al fin se había marchado!
-Inmediatamente me sentí tranquila -dice Kasia- Y deseé tanto vivir disfrutando de cada nuevo día, como nunca hasta entonces. Por desgracia, me acordaba de la enfermedad. ¡Y de que llevaba dos años evolucionando! Así que tenía que ir al médico y... lo dejé estar. "¿Y si ahora no es el espíritu sino la enfermedad la que me va a arruinar la vida?" -me preguntaba. Sin embargo, por primera vez en años sentí una enorme fuerza en mi interior y ganas de luchar. "Ya que he podido con el espíritu, me pondré bien" -me prometí a mí misma.

¡Mi enfermedad ha desaparecido!

Kasia fue al hospital a una revisión. -El neurólogo mandó que me hicieran una tomografía del cerebro. Cuando volvió con los resultados, preguntó: "¿De qué se le ha tratado a usted?" "¿Cómo que de qué? De microtemores -respondí. "Está usted de broma. Pero si los microtumores no desaparecen sin dejar huella, y a usted no se le ven". Miré la radiografía y empecé a buscar los tres puntos negros. Recordaba bien la zona en la que se encontraban. No estaban allí, sin embargo. El médico dijo: "No podía estar mejor". No me lo creí. Así que fui a otro médico. Él confirmó también que ¡estaba sana!
Kasia contactó con la señora Wanda. Le contó que la enfermedad había desaparecido de repente. -Ello no me sorprendió para nada -recuerda la señora Wanda- Kasia no fue la primera paciente en la que la enfermedad reculó. Cuando el espíritu se marcha, desaparecen el dolor y el sufrimiento. De esta forma, muchos pacientes que han sufrido neoplasmas y otras enfermedades incurables, de repente recobran la salud y las ganas de vivir para asombro de los médicos.
La señora Wanda lleva 30 años dedicándose a los exorcismos. A ella han acudido decenas de miles de personas, tanto de Polonia como del extranjero. Es la única exorcista laica del país. Tiene poderes parapsicológicos desde que nació. Ya de niña veía aquello que los demás no podían entender ni percibir.
Poco después la señora Wanda dejó de hablar sobre ello. Sin embargo, cuanto más quería disimular sus capacidades, tanto más esa "cosa" se manifestaba de forma independiente. Había veces que, junto a las personas con las que se cruzaba por la calle, "veía" a alguien más: el espíritu que las acompañaba...
-Entendí con el tiempo que no me estaba permitido desperdiciar el don que había recibido. Y es que no todos pueden contactar con los espíritus -dice la señora Wanda.
Durante todos estos años de trabajo he ayudado a muchas personas con las que la ciencia y la medicina no podían hacer nada. Fueron los pacientes los que la motivaron para que escribiera un libro sobre los exorcismos.
-Lo he editado porque quería ayudar a todas esas personas que están poseídas por los espíritus y no son capaces de salir adelante -Al igual que en el caso de Kasia, ¡cualquiera puede seguir adelante!
Hoy Kasia es una mujer feliz. Sin embargo, sigue visitando a su exorcista.
-Gracias a la señora Wanda soy la misma que antes de que el espíritu me poseyera -dice-. Pero eso no es todo. He encontrado un objetivo en la vida. Quiero, al igual que ella, ayudar a los demás. Soy la mejor prueba de que hay cosas en el mundo que no siempre es posible explicar.

Texto: Monika Kolitowska-Sokol




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