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(invocar a los espiritus) - Versión para imprimir

Invocar a los espíritus: consecuencias


Onet.pl
(uno de los mayores portales de Internet en Polonia)
Noviembre de 2010

Mucha gente se niega a aceptar la partida del ser querido y constantemente le están implorando. Justo después de la muerte este fenómeno es, de alguna manera, normal. Todos queremos saber si la persona amada está sufriendo (si sufrió en vida) o si se encuentra bien. Por otro lado, tratamos de consolarnos con el hecho de que cuando nosotros muramos obtendremos el alivio.
Sin embargo, otros muchos no se conforman con el periodo del duelo, e incluso en el contacto con el otro lado desarrollan cierto tipo de juego. Unos emplean los medios de comunicación, otros lo hacen solos. Algunos no pueden resistirse, lo necesitan tanto como el aire. No se dan cuenta de que al estar tan abiertos al mundo de los muertos y al invocar a los espíritus, se exponen al mismo peligro que en el juego de quemar materiales inflamables en una hoguera. Se trata de un "juego" intrigante y tentador y, al mismo tiempo, peligroso. En un instante podemos estar listos para la desgracia. Mucha gente en esa situación lo niega. Afirman que alguna vez contactaron con los espíritus y no les pasó nada (o durante la sesión, no ocurrió nada). La mayoría de las personas que han venido a mí en busca de ayuda pensaba de esa manera. Se encuentran en serios apuros, poseídos por varios espíritus. Desgraciadamente, tras la sesión, muchísima gente se queda de por vida privada de la posibilidad de decidir por sí misma. Por ello, todas las precauciones que se tomen son pocas y aún más cuando se acerca el periodo de Halloween, época de gran infortunio, importada de Estados Unidos. Es en estos días cuando el interés por los espíritus aumenta de manera más notable.
Antes la gente se interesaba por los espíritus porque no se sabía mucho sobre el tema, quizás algo más desde el punto de vista científico. Las sesiones de espiritismo ponían de manifiesto que hay algo más allá de lo físico, que después de la muerte la existencia sigue su curso. Sin embargo, a estos expertos sus investigaciones les costaban un enorme precio, puesto que gran parte de ellos quedaban poseídos. La mayoría de ellos acababan ingresados en centros psiquiátricos, muchos se suicidaron, y otros murieron de las mismas enfermedades dolorosísimas que sufrieron los espíritus. Por tanto, la investigación de fenómenos que ya han sido investigados en todos sus aspectos viene a ser como descubrir la pólvora de nuevo.
Y así, los participantes de la sesión de espiritismo una y otra vez (y, a menudo, sin resultado) invocan el espíritu de su antepasado (o de alguien célebre) sin darse cuenta de que ese espíritu hace tiempo que traspasó el velo de la muerte y que ya es imposible invocarlo. Abandonó todos sus asuntos terrenales y ya no hay vuelta atrás. Existe sin embargo, otro gran grupo de espíritus que creen que, a pesar de la muerte del cuerpo físico, todavía tienen vida física. Estos espíritus no participan en las sesiones, puesto que para ello deberían reconocer ante ellos mismos que desde hace tiempo están muertos, lo cual les resulta inconcebible.
Entonces, ¿qué tipo de espíritus aparecen en las sesiones de espiritismo? Desde la perspectiva del peligro de la permanencia, se puede decir que aparecen los peores y, en concreto, aquellos que lucharon por su vida física hasta el final. Pese a estar muertos, no aceptan la pérdida del cuerpo físico. Ahora, se aparecen con todas sus fuerzas en las diferentes sesiones, para conseguir a cualquier precio un cuerpo físico de entre las personas que los invocan. Y la mayoría de las veces lo consiguen, porque durante la sesión estamos muy abiertos y nos olvidamos de proteger nuestro cuerpo para que no nos lo roben (eso si es que sabemos cómo hacerlo, lo cual tampoco da garantías de éxito).
Continuamente aparecen en mi oficina víctimas de espíritus invocados. Una vez que intentamos invocar a los espíritus permanece en nosotros el deseo de repetir de nuevo esta experiencia. Este deseo surge y es alentado por el espíritu, mientras que nosotros ni siquiera nos damos cuenta de su astuta manipulación. Esta atracción puede compararse con cualquier adicción a la que somos incapaces de resistirnos. El espíritu, cada vez con más facilidad, aprovecha toda ocasión para persuadirnos para que asistamos a la siguiente sesión, hasta que llega el triste día en el que roba o se hace con nuestro cuerpo.
Las prácticas de este tipo no son solo dominio de los adultos. Los niños también "juegan" con eso. Muy a menudo, escucho relatos de invocaciones a espíritus en entornos escolares o en parques, después de las clases. Más de una vez, los adolescentes desean conseguir, por esa vía, respuestas a preguntas relacionadas con los exámenes o con los trabajos. Cuando se encuentran en las garras del espíritu, actúan ya en contra de su voluntad. Manifiestan cambios en el comportamiento muy fáciles de detectar por parte de los adultos. A veces, estos cambios son tan grandes que el niño se enferma tanto física como psíquicamente.
De este modo, los platos giratorios o las tablas de ouija constituyen objetos de conexión con el mundo astral. Su uso es aun más peligroso que la propia sesión. Estos objetos se comercializan por todo el mundo, con frecuencia a gente completamente inconsciente. Se venden bajo la cubierta de juego (desde 1966 se han vendido en Estados Unidos 25 millones de ejemplares de estas tablas, que tienen un solo productor). Sin embargo, se trata de un instrumento muy peligroso en manos de los espíritus y nunca más se debe utilizar si queremos permanecer en nuestro sano juicio.
A veces, un médium, con diferentes resultados, consigue convocar y echar a un espíritu. Cuando hacemos esto solos estamos abandonados a nosotros mismos. En el mundo hay quizás un puñado escaso de gente que puede conseguirlo totalmente. Por supuesto, no tengo que recordar que estas personas no se dedican a invocar a los espíritus. Las personas que tienen mayor facilidad para moverse por el mundo astral suelen rechazar esta actividad y desentenderse de ella.
Trataré de describir con ejemplos, el peligro de este fenómeno. En una visita a un compañero de clase, Roman, un estudiante de tercero de medicina, reparó en una tabla que le llamó la atención de un modo extraño, como si esta lo estuviera llamando. "¿Qué es eso?, le preguntó a su amigo. "Pues no sé. Mi hermana juega con eso", le respondió. Se quedó solo en la habitación y permaneció con la mirada fija en la tabla. De repente, su mano sola comenzó a moverse entre las letras. "¡Qué juego más divertido!", pensó. Perdió la noción del tiempo. Cuando su amigo volvió ya era ya tarde por la noche. Se despidió rápido y salió a la calle. Allí se dio cuenta de que le había ocurrido algo extraño. Estaba consciente, pero no tenía ningún control sobre sí. Quería girar a la derecha, pero algo lo obligó a continuar recto. Quiso levantar el brazo, pero este se quedó rígido. Quería coger algo pero la mano era como de algodón. Cuanto más se esforzaba por tomar el control de su cuerpo, menos lo conseguía. De repente, oyó chirridos de neumáticos y gritos de conductores. Cayó en la cuenta de que estaba en medio de un cruce, pero no podía moverse de allí. Después de unos minutos de lucha consigo mismo, llegó una ambulancia que lo llevó a un hospital y allí lo ingresaron en la unidad de psiquiatría. Al día siguiente, estaba aun peor. Lo tiraba todo, se golpeaba en la cara, se autolesionaba. Tras varios meses ingresado en el hospital psiquiátrico, seguía sin mejorar, a pesar de recibir distintas terapias, todas con electroshock. Alguien le recomendó mi libro "Poseídos por los espíritus". Lo leyó y le pidió a su familia que llamaran a mi consulta. A pesar de la continua presencia del espíritu, finalmente este se fue después de mucho tiempo. Actualmente, Roman es una persona normal. No obstante, quedó en él un gran temor a que el espíritu pueda volver.
Esto no es en absoluto un hecho aislado. Su excepcionalidad consiste en que el espíritu apareció muy rápidamente y en que no consiguió apoderarse completamente de la psique de Roman. Normalmente, en estos casos los individuos son poseídos por los espíritus con lentitud, pero de manera constante, y la persona no suele darse cuenta. Cuando el espíritu se hace con el control del cuerpo, la persona ya ha perdido la consciencia de sí misma y en más de una ocasión desaparece por completo de su cuerpo físico.
Hasta tal punto que nos convertimos en marionetas en manos de un astuto espíritu. Creo, sin embargo, que los aficionados a las "emociones escalofriantes", al atreverse con un "juego" llamado invocación de espíritus, no tienen ninguna intención de experimentar este tipo de fenómenos.

Redactó: Wanda Pratnicka




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