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(espiritus no van hacia la luz) - Versión para imprimir

¿Por qué los espíritus no van hacia la Luz?


Onet.pl
(uno de los mayores portales de Internet en Polonia)
Diciembre de 2010

Existen muchos motivos por los que algunos muertos no fueron más allá, hacia la Luz. El más común es que no se dieron cuenta de su propia muerte y creen que están viviendo todavía en el mundo físico. A muchos vivos esto les parece poco creíble o simplemente, algo totalmente imposible. Sin embargo, ésa es la verdad.
Toda persona que pierde su cuerpo físico hace un visionado de su vida completa. A continuación, después de un periodo determinado de inconsciencia (diferente para cada alma), se despierta como si fuera de un sueño, pero ya como alma, esto es, la propia persona mira a su alrededor y afirma que nada ha cambiado en su vida. Sigue pensando, sintiendo, viendo y oyendo. Es capaz de comprender hasta los hechos más evidentes: que, hasta ese momento, estuvo enfermo y que ahora, de alguna milagrosa manera, se recuperó; que estuvo muy débil y ahora, de repente, recuperó todas sus fuerzas; o que en un accidente recibió un gran impacto del cual ahora no le queda ninguna secuela, etc. Puede moverse adonde quiera y hacer lo que quiera. Sin embargo, muy probablemente, el espíritu, cuando estaba en vida, no sabía que estas cosas son posibles después de la muerte del cuerpo físico. Quizás pensaba que, tras la muerte, no sería más que un cadáver rígido sin vida. Mientras que ahora percibe todo esto completamente al contrario. La diferencia diametral entre la percepción previa y el inesperado estado actual lo lleva a elegir el pensamiento irracional de que posiblemente no ha muerto, y de que continúa viviendo como hasta el presente. A menudo incluso los suicidas piensan que no consiguieron matarse y, como consecuencia, continuamente intentan atentar contra su vida. Por tanto, de este modo, nuestro yo interno continúa existiendo después de la muerte física. Esto es posible porque esa parte de nosotros que piensa, siente y habla para sí - "soy esto...", "soy lo otro..." - nunca muere. Junto con el cuerpo se fue tan solo nuestro "yo" pequeño, nuestra personalidad. El "Gran Yo", que antes alimentaba al cuerpo físico, sigue existiendo. El cuerpo físico no tiene, y nunca tuvo sustancia, o el elemento que le posibilitara una existencia autónoma. De ahí que el Gran Yo, retrocede de la realidad física, el cuerpo físico de repente queda privado de vida, y esto es lo que comúnmente llamamos muerte. El alma, o sea, la persona real, nuestro verdadero "Yo" trata al cuerpo físico como un vehículo o atuendo del que se desprende cuando ya se agota, o cuando ya no la necesita. No añora su antiguo cuerpo puesto que posee su fiel e intacta copia, y ahora sigue viviendo dentro de ella.
El problema está en el hecho de que muy poca gente se da cuenta de cómo es realmente la vida después de la muerte física. La mayoría de los espíritus llegan a la errónea conclusión de que, como todavía tienen cuerpo, y son conscientes de sí mismos, esto significa que no han muerto físicamente. Entonces, vuelven a sus casas, a sus trabajos, a la vida "normal", o sea, a las cosas de las que nos hemos ocupado hasta ese momento. Pero este estado de las cosas tiene varias consecuencias que yo he descrito con gran detalle en mi primer libro "Poseídos por los espíritus".
Ahora puedo decir solo que el desarrollo de la existencia después de la muerte del cuerpo físico depende totalmente del nivel de conciencia de la persona física, ya antes de la transición a la transformación llamada muerte. Si este nivel es alto, esa persona será constantemente consciente de sí misma. Esto lo prueba el hecho de que su nivel de vibración estará a un nivel completamente diferente, mucho más alto que el alma errante. Por eso, si llega a ocupar el mismo espacio que el otro espíritu, no se molestarán el uno a otro. La diferencia en el nivel de vibración no genera ningún problema.
Si el estado de consciencia de la persona física viva es bajo o muy bajo en su día a día, esta alcanza el mismo nivel de vibración al cual llegaron los espíritus que no fueron hacia la Luz. Esa persona está especialmente expuesta al contacto con el espíritu. Solo basta con un momento de distracción provocado por la embriaguez del alcohol o el efecto de las drogas o de cualquier vicio fuerte, como, por ejemplo, los videojuegos o la adicción al trabajo, para que un espíritu lo posea. En este caso, no hay nada que proteja a la persona ante los espíritus. Es muy importante saber esto, porque existe un grupo muy grande de espíritus que se agarran con todas sus fuerzas a la vida física. Están amargados, llenos de rabia, e incluso de odio por tener que abandonar el mundo físico, mientras que otros se pueden quedar en él. A cualquier precio (incluso si el precio es el sufrimiento de los suyos) buscan el cuerpo de una persona viva, alguien a quien puedan robárselo, para vivir en él así sea por un instante más. Este es el tipo de posesión del que se habla mucho en los medios de comunicación.
Los vivos nunca serán víctimas de los espíritus, siempre que sean conscientes de sí mismos (cuando continuamente sabemos qué sentimos y qué pensamos).
Las consecuencias de la posesión son diferentes, dependiendo del tipo de espíritu. Si durante su vida física estuvo enfermo, entonces puede que de repente empecemos a sufrir la misma enfermedad que él padeció. En ese caso, ni las medicinas ni las operaciones surten efecto, puesto que no somos nosotros los que estamos enfermos sino el espíritu que nos ha poseído. Si el espíritu está furioso, podemos llegar a coger un cuchillo y atacar a las personas que se encuentren cerca de nosotros, así las queramos mucho. Si se suicidó, nos persuadirá para que nos quitemos la vida. Aunque, evidentemente el estar poseído no siempre significa que uno llegue a situaciones tan extremas.
El caso más común es aquel en el que la persona lleva poseída por el espíritu desde hace mucho tiempo, pero no es consciente de ese estado. Casi desde el momento de la posesión, comienza al mirar al mundo de forma diferente, cambian sus gusto, quizás empieza a desarrollar alguna adicción, que antes no tenía, a menudo le duele la cabeza o el estómago, está cada vez más agotado, irritable, o quizás deprimido, pero no relaciona estos síntomas con los espíritus. En parte esto funciona porque el proceso de inserción por parte del espíritu de su propia psique dentro de la psique del poseído se desarrolla habitualmente de manera gradual, con suavidad (y de manera encubierta), lo que dificulta su reconocimiento. Los primeros que se dan cuenta de estos cambios son las personas más cercanas al poseído. Le dicen que ha cambiado a peor, pero él no quiere creer nada de eso. Es precisamente con el paso del tiempo, que empieza a sentirse cada vez más cansado, pierde el equilibrio, está al límite de la depresión y, para sorpresa suya, descubre que la gente de su entorno puede tener razón. Sin embargo, ni el descanso, ni las medicinas o cualquier otro tipo de tratamiento le surten efecto, y tampoco le cura el dormir mucho.
Puede también ocurrir que nos posean más de un solo espíritu. En ese caso, nuestra personalidad sufre cambios continuos en función de cuál de los espíritus es el que ahora tiene el poder y nos dirige. A cada instante nos cambian los gustos y el estado de ánimo y nosotros solos no somos capaces de alcanzar un equilibrio. Posiblemente los demás crean que somos víctimas de una enfermedad mental (o al menos lo sospecharán).
Existen también los espíritus que no poseen el cuerpo de la persona, pero que se creen en el derecho de alojarse en su casa, en la oficina o en el piso (por ejemplo, allí donde murió el propietario). Estos espíritus son capaces de sumir estos lugares en un gran caos. La persona que habite este lugar puede que tenga problemas para dormir (cuando consigue dormirse lo despiertan), en su cabeza se arremolinan miles de pensamientos, y sus negocios no van como él quisiera. Si observamos el caso de cerca, veremos que el espíritu se mueve por la casa, o que el propietario de la empresa, que ya está muerto, la dirige desde su mundo. A pesar de nuestros más sinceros esfuerzos, las acciones y decisiones del espíritu pueden conducir a la empresa a la bancarrota. Aunque hayan pasado muchos años desde su muerte, él todavía puede pensar y comportarse como cuando estaba en vida. Y es que sus acciones crean una realidad que puede estar en completa contradicción con los planes de los nuevos propietarios.

Redactó: Wanda Pratnicka




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