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(cree en los espiritus) - Versión para imprimir

Cree en los espíritus


Feniks
Feniks, cuaderno nº 2
Julio de 2005

VIAJES POR LAS DIMENSIONES

CREE EN LOS ESPÍRITUS

Wanda Pratnicka ayuda a las personas y a los espíritus: libera tanto a las personas de los espíritus, como a los espíritus de las personas, y facilita que las almas errantes atraviesen el Velo de la Muerte hacia la Luz.

Wanda respeta a los espíritus. Los percibe y ve con frecuencia desde que era niña. No les grita ni les ahuyenta; tan sólo les ayuda a entender qué es lo que ha ocurrido, porque están perennemente suspendidos entre la vida terrena y la Luz que deberán alcanzar una vez abandonado el cuerpo. Son variados como las personas, pero predominan los que están perdidos y asustados. Poco a poco se debilitan y notan únicamente la luz que palpita en el aura de las personas sanas. Intentan aferrarse a ellas para obtener un poco de energía. Si lo consiguen, el "viviente" enferma o empieza a flaquear. En ocasiones le quitan la razón e incluso la vida. ¿Por qué se quedan? Hay tantas respuestas como historias personales de vivos y de lo que viene a continuación. Una cosa es segura: para ayudar a la persona poseída, hay que ayudar antes al espíritu que se ha adherido a ella. De otra manera no se irá.

El milagro de la recuperación

Ella nació varios años después de la guerra, así que creció entre las ruinas, jugando por las calles llenas de minas que de cuando en cuando explotaban. La muerte seguía recogiendo su cosecha. A su alrededor había un sinfín de espíritus de las personas que habían muerto durante la guerra o poco después. El hecho de verles asustaba a la niña pequeña. No podía pedir ayudas a los demás, porque los demás no los veían. Sus padres sospechaban que tenía alucinaciones, en ocasiones la castigaban por "ensimismada". Así que tuvo que aprender a vivir con los espíritus y a relacionarse sola con ellos. Es difícil indicar con precisión cuándo empezó a ayudar. La jovencita en edad de crecer sabía escuchar y ayudar con las palabras, así que la gente le hacía confidencias. Pasado un tiempo se dio cuenta de que, cuando ayudaba a alguien a superar un problema vital, la enfermedad remitía oportunamente por sí misma. Después empezó a detectar las enfermedades anticipadamente y a distancia, las intentaba eliminar y. lo conseguía. No pedía permiso a los ya sanos; sin embargo, los siguientes años le enseñaron humildad: ¡algunos querían seguir enfermos! Acudían personas necesitadas y los milagros sucedían cada vez más a menudo. Los enfermos graves, portadores de un volante para ser operados, se curaban de repente, en el transcurso de unos pocos días. Bastaba con que se quedaran en paz con su pasado y perdonaran a todos: a los que los perseguían, a sí mismos y a Dios, que lo había permitido. Transcurridos varios años tenía ya cientos de ejemplos de que una de las causas de las enfermedades son los miedos y las emociones negativas, acumuladas en el subconsciente. La persona tenía que concienciarse de su problema para poder arrancárselo del alma, como si fuese una astilla. Entonces se materializaba el milagro de la curación.

En la nube de energía

Una hermosa y educada mujer enfermó de esquizofrenia. Wanda Pratnicka vio que una masa espesa y gris rodeaba su cuerpo. No sabía que se trataba de una acumulación de espíritus, porque hasta entonces sólo los había visto de uno en uno. Empezó a apartar esta nube densa, que se desvaneció después de unos cuantos intentos. Entonces consiguió distinguir varios espíritus que pululaban alrededor de la enferma. Tenía que haber habido antes más de cien. Con el tiempo, la mujer recuperó completamente la salud. Así fue como Wanda descubrió la segunda gran causa de muchas enfermedades: los espíritus adheridos. Desde ese momento empezó a comprobar si, junto al hombre que buscaba su ayuda, no había alguna energía en movimiento. El resultado de estas pesquisas le sorprendió cada vez más: en su archivo aumentó la cantidad de casos en los que la causa de la enfermedad, el trastorno de la psique o de la mente, o las penalidades en la vida era la posesión por los espíritus. Tras expulsar a los "inquilinos", las personas sanaban de repente y despertaban a la vida. Descubrió que la posesión era asimismo la causa de asesinatos y suicidios. El cáncer, la esquizofrenia, el autismo, las alergias, el asma, las fobias, las enfermedades cardiacas, la epilepsia, las depresiones, el alzheimer, la anorexia, la bulimia, los dolores de cabeza y de hígado, los cambios de humor: la lista de enfermedades originadas por la posesión seguía aumentando.

Entre el cielo y la tierra

Una vez abandonado el cuerpo físico, el alma de la persona debería dirigirse al otro lado del Velo de la Muerte, hacia la Luz que lleva distintos nombres: Dios, Fuerza Suprema, Inteligencia. No le queda mucho tiempo para ello si deja pasar el momento adecuado: le es difícil encontrar el camino adecuado. Una enorme cantidad de espíritus se queda a este lado. Son muchas las causas: alguien ha dejado sus bienes, otro a su joven esposa, a sus niños pequeños o cuestiones pendientes. A algunos no se lo permiten sus desoladas familias, que, tras la muerte de sus allegados les están continuamente llamando: crean un vínculo que no le permite al espíritu marcharse. Entre ellos hay asimismo ejemplares profundamente creyentes, que se detienen a medio camino por miedo al castigo por sus pecados. Independientemente de la causa por la que todas estas almas se queden entre los vivos, todas esllas pronto descubren que aquí no se sienten bien. Son infelices, están perdidos y dependen de la energía de los vivos.

¿Quién es vulnerable?

Una persona fuerte y sana tiene a su alrededor un aura clara y hermética que lo protege de la radiación de la energía nociva del exterior. Aquélla brilla como una llama en las tinieblas del más allá y arrastra a las personas que giran alrededor como polillas, esperando a que en la capa de la superficie del aura haya una grieta. Hay muchas cosas que la socavan. El miedo es muy destructivo. Incluso la frase "tengo mucho miedo a que." ya la perfora. Son perjudiciales las emociones fuertes con una connotación negativa: el odio, la rabia, la envidia, los celos. Tampoco son sanas las grandes exaltaciones como la alegría o la euforia. Actúan como una enorme presión que horada el aura desde dentro. Al espíritu le resulta sencillo acceder a la persona que está bajo los efectos del alcohol, las drogas, en estado de shock, estresado o muy cansado, o que esté también siendo operado. Los espíritus son tan diversos como la gente. Algunos tienen un carácter bueno y suave; otros son malintencionados. Se adhieren a otros que sean semejantes a ellos. Un espíritu asustadizo será atraído por una persona también asustadiza y, si se quema, entonces la persona será capaz de no salir de su habitación, incluso durante diez años. El celoso atrae al celoso; el malo, al malo.

Una conversación entre distintos mundos

El instrumental de trabajo de la exorcista es un folio con datos: nombre, apellido, fecha de nacimiento, nombres de los padres, dirección. Empieza la "conversación" con el espíritu. Se intenta enterar de quién es y por qué se ha quedado. Se le quejan de las desgracias que les tocaron en vida. Ella les explica que no están vivos; les aclara lo que deberían hacer para alcanzar la Luz. En el 95 por ciento de los casos es suficiente con una con una charla para que el espíritu se marche. Sin embargo, se dan casos en los que vuelven, no tienen ningunas ganas de marcharse, o el mismo vivo no les quiere soltar. Entonces, el trabajo con el espíritu puede durar varios meses.

A quién transmitir el saber

Cuenta en su haber con más de 30000 casos de expulsiones. Con tal cantidad de datos aparecen ciertas constantes: el cáncer de pecho suele estar provocado por la incursión de un espíritu que murió de cáncer. Cuando se expulsa al espíritu, el tumor llega a desaparecer completamente en dos días. Interpreté algunos de estos casos como casualidades -dice Wanda Pratnicka-. Pero cuando llegaron al centenar, entonces había que investigarlos científicamente. Quisiera fundar un centro de investigación. Sin embargo, no consigo encontrar a científicos dispuestos en Polonia. Creer en los espíritus es algo vergonzante. Es mucho más sencillo creer que son productos de la imaginación, o negar su existencia.

HISTORIA DE LOS EXORCISMOS

Posesión o esclavitud

Jesús fue el primer exorcista. En el Evangelio según San Marcos leemos que, después de la resurrección, Jesús se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios (Marcos 16, 9). Después le transmitió un mensaje: Y estas señales acompañarán a los que han creído: en mi nombre echarán fuera demonios, hablarán en nuevas lenguas (16, 17). Así pues, concedió el derecho de exorcizar a todo cristiano. La Iglesia, desde el siglo III, empezó a limitarlo primero a los curas que recibían una bendición especial, hasta que en el siglo XVI prohibió que incluso ellos los practicasen. En 1886 los restauró el papa León XIII, cuando él mismo fue poseído durante la celebración de la misa. A partir de entonces los obispos pasaron a designar a los curas que llevan a cabo los exorcismos y los bendecían tanto si querían como si no. Es algo que a menudo se hacía contra su voluntad, pues muchos tenían pánico al diablo. Así que en 1972 el Papa Pablo VI suprimió la bendición. A día de hoy un sacerdote puede presentarse a un obispo por iniciativa propia para pedir permiso para ahuyentar a los espíritus. La Iglesia no niega su existencia, sino que simplemente considera que todos son malos. Quiere asimismo ahuyentarlos en exclusiva. Ya que el problema de la posesión avanza como un alud, de buena gana los obispos dan su aprobación a los curas para que exorcicen. En toda diócesis polaca hay sacerdotes que prestan esa ayuda. Hay tres curas exorcistas en la Archidiócesis de Varsovia. Uno de ellos, el padre Andrzej Grefkowicz, párroco de la parroquia de la Magdalena, decía en un encuentro en la iglesia de Santa Ana de Varsovia: "El problema de la esclavitud y la posesión a causa de los espíritus malignos es un hecho, y negar este fenómeno es cerrar los ojos. Hay veces que es indispensable la asistencia de un exorcista". Explicó que los espíritus malignos a la persona de dos maneras: mediante la dominación y la posesión. La dominación es común y menos peligrosa: el espíritu está fuera de la persona y se le aparece por la noche, p.ej. En este caso es suficiente con la oración, que las personas laicas pueden llevar a cabo igualmente. Más peligrosa resulta la posesión. El espíritu entra entonces en el interior de la persona y lo obliga a hacer cosas que no quiere. "Liberar de las energías negativas lleva en ocasiones un par de meses -dijo. Ante todo, la persona tiene que querer librarse de ´esa cosa asquerosa´y ha de ser sincero en ello".

Redactó: Jaga Borowa




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